PERDONAR NO ES OLVIDAR.
Algunos creen que perdonar es olvidar, pero no es así.
Aunque no siempre olvidamos nuestro pasado, podemos ser libres del sentimiento negativo por medio del perdón. Cuando usamos la herida en contra de la persona que nos la causó, estamos mostrando que aún no hemos perdonado. La Biblia afirma que Dios no se acuerda de nuestro pecado, es decir que él no usa el pasado en nuestra contra. «No nos trata conforme a nuestros pecados ni nos paga según nuestras maldades» Salmo 103:10. Sabemos si realmente hemos perdonado cuando recordamos el daño que nos han hecho sin experimentar sentimientos negativos.
EL PERDÓN ES UN ACTO DE LA VOLUNTAD.
Tomamos la decisión de entregarle al Señor el daño que nos hicieron y confiamos en que él tratará justamente la ofensa. Romanos 12: 19 dice: «No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor». Si esperamos hasta sentir el deseo de perdonar, jamás lo haremos. Nuestras emociones empezarán a sanar después de obedecer a Dios y perdonar.
PARA PERDONAR DE CORAZÓN ES NECESARIO QUE DIOS REVELE LA HERIDA.
Debemos permitir que Dios saque a la superficie la agonía mental, el dolor emocional y los diferentes sentimientos que tenemos hacia la persona que nos hizo daño. Una actitud contraproducente es decirle al Señor, que pasó hace rato, que ya pasó, que era una bobada, es decir restarle importancia al daño producido.
PERDONAR ES ENTREGAR.
Al no perdonar estamos atados a la persona que nos hirió. Probablemente estemos pensando, «¿por qué dejarlo libre?». ¡Precisamente ese es el problema! Mientras no perdonamos, seguimos ligados al que nos hirió. Seguimos encadenados a nuestro pasado. Cuando perdonamos dejamos ir a la persona. De esta manera, debemos confiar en que Dios va a tratar a dicha persona con justicia, equidad y misericordia, cosa que nosotros no podemos hacer.
PERDONAR ES ESTAR DISPUESTOS A VIVIR CON LAS CONSECUENCIAS DEL PECADO DE OTRA PERSONA.
No perdonamos para que la otra persona cambie. Al tomar la decisión de perdonar, asumimos las consecuencias del agravio. Jesús asumió las consecuencias eternas de todo pecado sobre sí mismo. «Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios» 2 Corintios 5:21. Esto no quiere decir que a usted lo van a tratar como pecador o como el que ofendió, lo que está diciendo es que si por la ofensa, tiene una perdida, perdona, pero asume la perdida. Ejemplo, si su amigo le roba algo a usted abusando de la amistad, usted al perdonarlo, no le dice, te perdono pero me pagas lo hurtado. Esto no sería perdonar, sino cobrar.
Es muy tentador echarle en cara el asunto al que nos hirió ¡para que se sienta mal! Sin embargo, debemos más bien llevar cautivo ese pensamiento de venganza a la obediencia de Cristo y decidir mantener el perdón. «El que perdona la ofensa cultiva el amor, el que insiste en la ofensa divide a los amigos» Proverbios 17:9.
ES IMPOSIBLE PERDONAR EN NUESTRAS PROPIAS FUERZAS.
Perdonamos por medio de lo que Cristo ya hizo en la cruz.



