Es un sentimiento profundo que nos impide sentirnos amados y aceptados. Una persona que se siente rechazada, para evitar más rechazo, se aparta de todos. Puede suceder en la casa, en el colegio, en la universidad, en el trabajo o en la iglesia, por parte de los padres, los hermanos, los amigos, los profesores, los líderes, y muchas otras personas.
El rechazo causa inmadurez emocional, complejos de inferioridad, temor para acercase a otras personas (no se trata de antipatía u orgullo sino de un sentimiento de rechazo que no los deja acercarse a los demás), problemas de comunicación, inseguridad, indecisión, obras inconclusas, delicadeza o hipersensibilidad, vacíos profundos de amor, aislamiento, rechazo a otros y a sí mismos.
En muchas ocasiones vemos personas tan antipáticas que no sentimos deseos de acercamos a ellas, sin embargo su antipatía proviene de una herida de rechazo. Aunque estas personas anhelan relacionarse con otros, no pueden, no se sienten capaces, se creen tan poca cosa que se aíslan completamente. Sostienen una lucha constante entre querer que los saluden y no quererlo. De esta manera, el rechazo es uno de los dardos más comunes que usan nuestros enemigos para hacemos daño.
¿Cómo vencemos el rechazo en nuestras vidas?
- Perdonando a los que nos han rechazado.
- Perdonándonos a nosotros mismos. Lo que pasó quedó atrás, lo importante es decidir no hacernos más daño. José habla acerca de cómo Dios encausa todo lo malo hacia un fin positivo. «Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente» Génesis 50:20.
- Si en nuestra vida hay un patrón de rechazo, diariamente debemos despojarnos del mismo y llevarlo a la cruz. Los viejos hábitos tienen que ser reemplazados por unos nuevos que debemos repetir una y otra vez hasta desarrollar un positivo patrón de conducta.
- Caminando en nuestra nueva identidad en Cristo. Según 2 Corintios 5: 17, ¡Somos nuestras creaturas! Y Según Romanos 8:38-39, ¡Nada nos puede separar del amor de Dios!



