Sanidades

I

Como creyentes en Cristo tenemos un solo Señor, que es el Señor Jesucristo

A lo largo de mis muchos años predicando la Palabra de Dios, la gente me ha dicho con frecuencia que no se habían dado cuenta de que estaban batallando con algún problema hasta que escucharon las preguntas que les hice durante una predicación. 

A veces, los patrones de pensamiento que nos están afectando no nos resultan fáciles de ver. Pero observar sus efectos, con el discernimiento del Espíritu Santo, puede mostrarnos aspectos en los que estamos luchando.

Le invito a considerar hoy las siguientes preguntas: 

¿Se siente abrumado por el estrés de querer alcanzar metas imposibles? 

¿Se siente agobiado por la culpa de no estar a la altura de las expectativas de los demás? 

¿Y qué hay de sus propias exigencias irrazonables? 

La respuesta afirmativa a estas preguntas podría revelar un tipo de falsa creencia que nos lleva a sentirnos atrapados.

Ya sea que tratemos de satisfacer a nuestro cónyuge, padre, madre, hijo, hermano, amigo o jefe, ser una persona que intenta siempre complacer puede llevarnos a una vida de derrota e infelicidad. 

Acabaremos por no estar a la altura de las exigencias de los demás y sentiremos que somos una decepción. Para empeorar las cosas, a veces a quien tratamos de complacer es a nosotros mismos.

 Cuando no estamos a la altura de nuestras propias expectativas, nos reprendemos. En poco tiempo, caemos en un patrón de renovado compromiso para hacerlo mejor, seguido de un esfuerzo autodeterminado, que nos lleva al fracaso, a la auto-condena y a sentimientos de inutilidad. 

Esto no es lo que Dios quiere para nosotros.

Como creyentes en Cristo solo tenemos un solo Señor, que es el Señor Jesucristo. 

A Él es a quien debemos complacer, y no debemos hacerlo a regañadientes, sino por amor y gratitud por nuestra salvación. 

“para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;”

Colosenses 1:10

Cuando permitimos que otros, incluso nosotros mismos, dicten el curso de nuestras vidas, estamos tratando de complacer a dos señores, y eso nunca funciona. 

“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.”

Mateo 6:24

De hecho, la doble moral nos lleva a la inestabilidad en todos nuestros caminos 

“El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.”

Santiago 1:8

Si empezamos a tratar de complacer a la gente en lugar de a Dios, perderemos nuestra libertad. 

La estabilidad y la libertad solo vienen cuando depositamos nuestra identidad en Cristo y buscamos obedecerlo. 

Por eso, cuando la iglesia de Gálatas fue engañada por los judaizantes, Pablo les dijo: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”

“Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud.”

Gálatas 5:1 

Cualquier yugo que no sea el del Señor es pesado, pero el yugo de Cristo es fácil y da descanso a nuestras almas.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;

porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”

Mateo 11-28:30

¿Se siente derrotado y agobiado por la vida? Si es así, puede que esté llevando una carga que otra persona le impuso. 

O tal vez sean sus propias normas las que le agobian. 

Existe una sensación de libertad y descanso que viene con el caminar en la gracia de Dios. 

Cada día debe elegir creer en Dios y en su Palabra, en lugar de confiar en usted mismo o vivir bajo el yugo de las expectativas de los demás.

En segundo lugar, si tratamos de complacer a la gente, nuestro andar de fe se verá obstaculizado. 

Pablo comparó la situación de los gálatas con una carrera, diciendo: “Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de aquel que os llama”.

“Vosotros corríais bien, ¿quién os impidió obedecer a la verdad? Esta persuasión no vino de aquel que os llama.”

Gálatas 5;7-8

 La palabra traducida como “estorbar” significa “cortar”. 

Esto ocurría a menudo en los Juegos Olímpicos griegos, cuando un corredor se metía en el carril de su oponente y lo desviaba de su camino.

Y esto es lo que nos sucede cuando dejamos que otros nos dicten cómo debemos practicar nuestra fe. 

Ahora bien, no estoy diciendo que no debamos escuchar y aprender de otros creyentes. 

A menudo, otros creyentes en Cristo son la mejor ayuda terrenal que tenemos para detectar nuestros errores y tener el valor de corregirlos. 

Pero si no nos guían de acuerdo con la Palabra de Dios, nos desvían y nos sacan del camino de Dios. 

Los creyentes en Cristo no pueden permitirse el lujo de no discernir cada consejo que recibe. 

Por eso es vital que sepamos lo que dice la Palabra de Dios. 

Entonces seremos capaces de reconocer si alguien dice la verdad o no.

En tercer lugar, querer siempre complacer a la gente es perjudicial para la Iglesia. El Espíritu Santo lo advirtió: 

“Un poco de levadura fermenta toda la masa.”

Gálatas 5:9

Cuando los creyentes en Cristo consideran que las reglas de la iglesia establecidas por el hombre son más importantes que la verdad bíblica, 

esto demuestra una actitud defectuosa que pronto infecta a otros. 

En poco tiempo, los creyentes comienzan a juzgar a los demás basándose en la adhesión a reglas humanas en lugar de a las normas de Dios. 

El respeto al liderazgo de la Iglesia es importante, pero debe combinarse con la ayuda del Espíritu Santo para discernir si las normas están fundadas o no en la verdadera palabra del Señor.

“Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para vosotros.”

Hechos 13:17

Aquellos que son en verdad maduros espiritualmente, andan en el Espíritu en el camino de la gracia de Dios. 

Su seguridad en Cristo les da la confianza para enfrentar cada día con alegría, sabiendo que Él los está transformando, guiando y protegiendo. 

Pero los que tratan de vivir según reglas humanas, normas autoimpuestas o según las expectativas de los demás, terminan sintiéndose agotados y derrotados.

¿Vive usted en la libertad de la gracia de Dios, o se pregunta qué piensan los demás de usted o si está a la altura de sus expectativas? 

Caminar en la gracia implica enfocarse en el Señor y en todo lo que Él ha prometido hacer en y a través de usted. 

Crea lo que Él dice en su Palabra y confíe en que Él proveerá para sus necesidades y le guiará a través de la vida.

Con amor fraternal,

Nota aclaratoria: Todos los artículos son tomados de diferentes fuentes, las cuales son editadas y ajustadas por la corporación

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